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martes, 4 de febrero de 2014

TEORÍA DE LA COMPARACIÓN SOCIAL DE LEON FESTINGER



La teoría de la comparación de Festinger tiene su origen en el proceso mediante el cual los grupos informales tienden a mantener opiniones y creencias similares, es decir, cuando una persona se siente atraída por un grupo social, éste grupo se convertirá en la realidad social con la que compara sus creencias. La teoría de la comparación de Festinger se basa en que los grupos sociales ejercerán presión sobre sus miembros para que haya uniformidad, tanto en las opiniones y creencias como en las habilidades; cuando entre los miembros de un grupo hay discrepancias de opinión, lo más frecuente es que las personas que mantienen ideas discrepantes reciban presiones para cambiar de opinión, de tal manera que se ajusten a las del grupo. En caso extremo se seguirá la estrategia de rechazar a los miembros del grupo que mantengan diferencias con respecto a los demás, en resumen, la teoría de la comparación social de Festinger postula que existe una tendencia universal a evaluar nuestras creencias y habilidades, que confiamos en la comparación con otras personas cuando no existe otra fuente objetiva de comparación con aquellas personas que consideramos próximas y similares a nosotros.
La teoría de la comparación social dio lugar a un conjunto de investigaciones sobre atracción interpersonal, cohesión grupal y nivel de aspiración; y la más importante dio lugar a la teoría de la identidad social de Henri Tajfel, según la cual en los procesos de comparación social juegan un importante papel para mantener una autoimagen positiva; como miembros de un grupo social tendemos a compararnos con otros miembros de otros grupos sociales de estatus inferior al nuestro de tal forma que nuestra imagen de grupo al que pertenecemos sea favorecida.

Vean el interesante vídeo sobre los grupos sociales: 



domingo, 2 de febrero de 2014

LEON FESTINGER Y LA TEORÍA DE LA DISONANCIA COGNITIVA


Leon Festinger nace en Nueva York en 1919, originario de una familia de inmigrantes rusos, primero estudió ciencias en el City College de Nueva York y se formó como psicólogo en la Universidad de Iowa; terminado su doctorado ingresó en el recién creado Centro de Investigación en Dinámica de Grupos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, dirigido por Kurt Lewin. Pero cuando falleció éste en 1947, Festinger se trasladó al Centro de Dinámica de Grupos de Michigan; trabajando más tarde como profesor de psicología de la Universidad de Minnesota. En 1955 se traslada a la Universidad de Stanford y dos años después publicaría su obra A Theory of Cognitive Dissonance que sería su aportación a la psicología social, junto con la teoría de la comparación social. En 1968 Festinger volvió a Nueva York como profesor del New School for Social Research en donde permaneció hasta su muerte en 1989. 
La hipótesis central de la teoría de la disonancia es que cuando se presentan dos ideas o cogniciones sobre uno mismo, la conducta que lleva a cabo o en su entorno contradictorias o inconscientes entre sí, se crea una tensión psicológica que motiva a la persona a hacer lo posible por reducirla. Dicha hipótesis dio lugar a numerosas investigaciones por parte de Festinger, entre los que sobresalen los experimentos sobre la forma en que se manifiesta la disonancia cognitiva en la toma de decisiones - situaciones en las que debemos elegir entre dos objetos de similares características- y en las situaciones de condescendencia forzada o aceptación inducida- aquellas en las que nos vemos obligados a manifestar algo contrario a nuestras creencias. 
La disonancia cognitiva es, por tanto, aquella situación en la que la persona percibe la existencia de una contradicción entre dos elementos de cognición. Para ilustrar la existencia de este tipo de situaciones, Festinger propone, entre otros ejemplos, el caso de una persona que fuma a pesar de saber que el tabaco es perjudicial para la salud. En este ejemplo, la situación de disonancia vendría provocada por la contradicción entre el conocimiento que la persona tiene sobre su conducta y el que tiene sobre las consecuencias de la misma. 
La reducción de la disonancia puede lograrse, según Festinger, introduciendo cambios en los elementos de cognición modificando el comportamiento, las actitudes, las creencias, etc, o añadiendo elementos de cognición nuevos que contribuyan a reducir las contradicciones existentes.
En las situaciones de condescendencia forzada, en las que la persona se ve obligada a comportarse de forma opuesta a sus opiniones o a afirmar algo contrario a sus creencias y en los de disonancia postdecisional, al final lo importante es la libertad de elección, las consecuencias positivas o negativas de la acción, el grado en que la persona se sienta responsable de las mismas, la magnitud y el tipo de incentivo, etc...
La teoría de la disonancia cognitiva no ha estado exenta de críticas. Fueron criticadas sus experimentaciones por el uso poco ortodoxo que hacían del método experimental y la consiguiente dificultad para replicar las condiciones bajo las cuales se habían desarrollado los mismos. También se criticó la falta de ética de muchos de sus experimentos para poner a prueba las hipótesis de esta teoría, en los que era frecuente recurrir al engaño y forzar a las personas a llevar a cabo acciones o a mantener opiniones que entraban en conflicto con sus creencias. Otros autores señalaron que la disonancia sólo aparece cuando la persona se comporta de manera inconsistente con la imagen que tiene de sí misma; por ejemplo, cuando la persona se autopercibía como alguien honesto. En cambio, no había disonancia cuando la persona no considera deshonesto en hecho de mantener una opinión contraria a sus creencias, o cuando la honestidad no sea un rasgo central de la definición que la persona hace de sí misma. También destacar que el requisito previo para que la disonancia se experimente es, sin duda alguna, que la persona se sienta implicada en la conducta que realiza. 

Os dejo este interesante vídeo donde se explica la disonancia congnitiva:









viernes, 31 de enero de 2014

LA TEORÍA DEL EQUILIBRIO DE FRITZ HEIDER


Fritz Heider nació en Viena en 1986, vivió su adolescencia en la ciudad de Graz, en donde conoció a Alexius Von Meinong, cuya concepción de la psicología estaba muy cercana a la de la Escuela de la Gestalt al haber sido alumno de Franz Brentano. Posteriormente Heider fue profesor de Christian von Ehrenfels, quién influyó en la Escuela de la Gestalt con cualidades gestalt y cualidades ehrenfels; en las que destaca que las propiedades de las totalidades son distintas a la suma de sus partes; por ejemplo, cuando escuchamos una melodía, lo que perciben nuestros sentidos no es la suma de las notas musicales que la componen, sino su organización. Cuando llegó Heider a la Universidad de Berlín en 1921, asistió a las clases de Max Wertheimer y de Wolfgang Köhler; así como a los seminarios de Kurt Lewin, del que se hizo amigo y colaborador intelectual. En 1927 obtuvo una plaza en la Universidad de Hamburgo, en donde conocería a Ernst Cassirer. Poco después, en 1930 se trasladaría a Estados Unidos, como investigador de un colegio de sordos en Northampton, Massachusets; allí conocería a Kurt Kofka y entablaron una fuerte amistad. Heider publicó su principal obra con sesenta y dos años, The Psychology of International Relations (1958) y siendo profesor de la Universidad de Kansas. Cuando en 1946 pronunció una conferencia sobre los principios de su psicología del sentido común, en la Universidad de Harvard, su eco fue casi nulo. Pero con su libro la situación cambió, la teoría del equilibrio tendría una influencia decisiva en la teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger y su análisis de la atribución de causalidad a los acontecimientos del medio y a las acciones de las personas.
El postulado básico de la teoría del equilibrio de Heider dice que las relaciones interpersonales, así como las que se establecen entre personas y los objetos e instituciones del medio, tienden a un estado de equilibrio. La quiebra de dicho equilibrio, provoca, según su opinión, un estado de tensión que la persona tiende a reducir mediante cambios introducidos a través de la acción o de una reorganización cognitiva:

"Existe una tendencia a estar en armonía con las exigencias del orden objetivo. De esta forma una situación está equilibrada si a uno le gusta hacer lo que debería hacer, si a uno le gusta o disfruta con las cosas que estima como valiosas, si la felicidad y la bondad van juntas, si p admira a la persona que le gusta y le gusta la persona con quien comparte los mismos valores, si lo que debería ser se realiza conforme a lo que realmente es, etc".

Para Heider las relaciones pueden ser de dos tipos, de afecto o de unidad. Las primeras se caracterizan por actitudes positivas o negativas de una persona p a una persona q o de una persona p hacia una entidad impersonal x. Mientras que las relaciones de unidad se refieren a las relaciones de similaridad, causalidad, pertenencia a un mismo grupo o posesión establecidas entre una persona p y otra q o entre una persona p y un objeto o entidad x. Ejemplos de relaciones de unidad son los miembros de una familia y las acciones o posesiones de una persona. Para Heider la relación de equilibrio existe cuando las partes que la constituyen tienen el mismo carácter dinámico en todos los aspectos de dicha relación. Según Heider, para entender tanto la conducta humana como los procesos que determinan la percepción social, debemos de estudiar las diferentes configuraciones a que dan lugar las relaciones de afecto y unidad. 

Les dejo un estudio experimental de Fritz Heider y Mariann Simmel sobre la conducta:








lunes, 27 de enero de 2014

SOLOMON E. ASCH Y LA INFLUENCIA SOCIAL





Solomon Asch nació en Varsovia en 1907, llegó a Nueva York con 13 años, obteniendo en Columbia un doctorado en 1932. Su carrera docente comenzó en el Brookling College en donde conoció a los fundadores de la Gestalt (Kohler y Koffka) y se infuenció de ellos en sus investigaciones sobre percepción social. Asch pretendió analizar la forma en que las personas dan sentido a la información que reciben del exterior. Según las ideas de la Gestalt cuando percibimos la realidad no nos fijamos en los elementos aislados sino en las relaciones que se establecen entre ellos; es decir, percibimos totalidades, conjuntos ordenados. Ash siguiendo estas ideas realizó una serie de investigaciones sobre la formación de impresiones. Con sus experimentos intentó demostrar que el contacto con otras personas da lugar a la aparición de marcos de referencia comunes, más concretamente, cuando las personas emiten sus juicios en presencia de otras, el grupo establece un punto de referencia común a todos sus miembros. Su objetivo era elaborar una teoría de la influencia social que diera cuenta de las fuerzas psicosociales que operan para que las personas actúen de forma contraria a sus creencias y valores. Las conclusiones que extrajo fueron que los sujetos experimentan un conflicto entre la información procedente de dos fuentes que para ellos son igualmente fiables; sus propios sentidos y los juicios de los demás. La tendencia a lograr un acuerdo con el grupo, no se debe a una tendencia imitativa, sino a la necesidad objetiva de resolver la contradicción en la que se encontraban. Asch interpretó los resultados y dio origen a estudios posteriores en donde se analizaron dos tipos de procesos mediante los cuales se produce la convergencia con la mayoría: la influencia informativa y la influencia normativa. 
En la primera situación estaríamos ante el deseo de formular juicios acertados sobre la realidad, y se confía en los juicios de la mayoría como una fuente de evidencia objetiva acerca de la realidad (influencia informativa). Mientras que en la segunda situación los sujetos se conforman al juicio de la mayoría para obtener la aprobación del grupo y reducir el miedo a la desaprobación social (influencia normativa).
Los experimentos de Asch sirvieron como estímulo a una importante línea de investigación en psicología social encaminada a analizar las condiciones en que se produce este fenómeno de convergencia entre nuestros juicios y los del grupo, en la actualidad han tratado de demostrar no sólo los mecanismos por los cuales una mayoría ejerce influencia en una minoría, sino también cómo una minoría puede influir en la mayoría.
Podéis ver estos interesantes experimentos de Solomon Asch:







jueves, 26 de diciembre de 2013

REFORMA DE LA VIGILANCIA DEL GOBIERNO


Ocho grandes empresas de tecnología han firmado una petición para que el presidente Obama y el Congreso de Estados Unidos hagan una reforma en sus prácticas de vigilancia.

La iniciativa ha recibido el nombre de Reform Government Surveillance (Reforma de la Vigilancia del Gobierno, en inglés) y ha sido impulsada por las compañías de AOL, Apple, Facebook, Google, LinkedIn, Microsoft, Twitter y Yahoo. Esta alianza tiene como objetivo principal protestar de forma abierta y formal contra los programas de espionaje y monitorización masiva que la NSA lleva efectuando desde hace años, y que tanta polémica han causado en los últimos meses por la supuesta intercepción de datos de usuarios en algunas de las mencionadas compañías.
La petición se basa en cinco principios que, según las empresas implicadas, deben tenerse en cuenta en la reforma de la vigilancia: limitar la autoridad del gobierno para recolectar información de los usuarios; la supervisión y rendición de cuentas; la transparencia sobre las demandas del gobierno; el respeto al libre flujo de la información y evitar conflictos entre gobiernos.
Además, en esta carta cada uno de los CEOs de las distintas compañías -a excepción de Apple- han escrito una cita propia en la que explican su defensa por los derechos de privacidad de los usuarios.

Reforma de la Vigilancia del Gobierno


miércoles, 18 de diciembre de 2013

MANIFIESTO CONTRA LA VIGILANCIA EN INTERNET



Un manifiesto firmado por 562 intelectuales y escritores, de 82 países, está circulando en redes sociales y en todos los medios. Lo que piden escritores como Coetzee, Grass, Berger, Amis, Ford, Goytisolo o Cercas, es que se termine con la vigilancia a través de medios digitales. Todavía se puede firmar contra espionaje masivo.
Dice el manifiesto del 12 de diciembre de 2013:
En los últimos meses, el alcance de la vigilancia masiva se ha convertido en un hecho bien conocido. Con unos cuantos clics de ratón, el Estado puede acceder a nuestros dispositivos móviles, nuestro correo electrónico, nuestras redes sociales y nuestras búsquedas en Internet. Puede seguir la pista de nuestras inclinaciones y actividades políticas y, en colaboración con empresas proveedoras de Internet, puede reunir y almacenar todos nuestros datos y, por tanto, predecir nuestras pautas de consumo y nuestro comportamiento.
El pilar básico de la democracia es la integridad inviolable del individuo. La integridad humana no se limita al cuerpo como un ente físico. Todos los seres humanos tienen derecho a no ser observados ni molestados en sus pensamientos, sus entornos personales y sus comunicaciones.
Este derecho humano fundamental ha quedado anulado y vaciado de contenido por culpa del mal uso de los avances tecnológicos que hacen los Estados y las empresas que llevan a cabo programas masivos de vigilancia.
Una persona vigilada deja de ser libre; una sociedad vigilada deja de ser una democracia. Si queremos que nuestros derechos democráticos sigan teniendo validez, es necesario que se respeten en el espacio virtual además del espacio físico.
—La vigilancia viola la esfera privada y pone en peligro la libertad de pensamiento y de opinión.
—La vigilancia masiva trata a todos los ciudadanos como posibles sospechosos. Anula uno de nuestros triunfos históricos, la presunción de inocencia.
—La vigilancia vuelve transparente al individuo, mientras que el Estado y las empresas actúan en secreto. Como hemos visto, este es un poder del que se abusa sistemáticamente.
—La vigilancia es un robo. Estos datos no son de propiedad pública; nos pertenecen a nosotros. Cuando se utilizan para predecir nuestro comportamiento, nos están robando algo más: el principio del libre albedrío, parte esencial de la libertad democrática.
» Exigimos el derecho a que cada ciudadano decida cuáles de sus datos personales pueden —a falta de un procedimiento legal legítimo— reunirse, almacenarse y procesarse, y quién puede hacerlo; a que pueda informarse sobre dónde se almacenan y cómo se emplean sus datos; a lograr que se borren sus datos si se han obtenido y almacenado ilegalmente.
» Exigimos a todos los Estados y empresas que respeten estos derechos.
» Hacemos un llamamiento a todos los ciudadanos para que se levanten a defender estos derechos.
» Hacemos un llamamiento a Naciones Unidas para que reconozca la vital importancia que tiene la protección de los derechos civiles en la era digital y cree una Carta Internacional de Derechos Digitales.
» Hacemos un llamamiento a los Gobiernos para que se adhieran a ese convenio.

martes, 3 de diciembre de 2013

NEIL SMELSER Y SU TEORÍA DE LA CONDUCTA COLECTIVA


Neil Smelser, nació en 1930, y es profesor emérito de sociología de la Universidad de California, Berkeley. Sus investigaciones han girado entorno al comportamiento colectivo. Se licenció en la Universidad de Harvard, y a los 24 años fue co-fundador con Talcott Parsons de Economía y Sociedad; convirtiéndose en el quinto director del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias del Comportamiento (1994-2001). 
Se puede afirmar que Neil Smelser inició la moderna sociología del comportamiento, siendo un complemento a los estudios de psicología social en temas como el de la interacción cruzada en los grupos sociales, los comportamientos individuales en situaciones sociales de grupo, o las normas que emergen de las distintas situaciones sociales.

Smelser, y su Teoría de la tensión, puede sintetizarse diciendo: "los episodios del comportamiento colectivo constituyen con frecuencia un primer estadio de cambio social, manifestándose cuando se presentan condiciones de tensión, pero antes de que los medios sociales hayan sido movilizados por un ataque específico y posiblemente eficaz a las fuentes de tensión. Ésta es una razón para definir el comportamiento colectivo como no institucionalizado, lo cual se verifica cuando la acción social estructural está bajo tensión y cuando los medios institucionalizados con el fin de dominar la tensión son inadecuados. (...) El control social bloquea los intentos precipitados de los episodios colectivos para llegar a rápidos resultados; si el control social es efectivo, ello canaliza las energías de los estallidos colectivos hacia tipos más modestos de comportamiento". Opina Smelsen que son necesarios seis elementos determinantes para que exista un comportamiento colectivo: 

1 – Unas condiciones estructurales de conductividad social, que hagan posibles ciertos comportamientos, como por ejemplo, la proximidad espacial, es decir, una infraestructura que permita la conectividad y el flujo de formación e información de ideas. En este caso las redes sociales se comportan como elementos estructurales de conductividad social, al unir conductas heterogéneos en elementos homogéneos gracias a la red. Podríamos hablar de un tipo de "conducta en red". Lo denomina también de prospección social, o la predisposición de un orden social a verse atravesado por comportamientos colectivos. 
2 – Una tensión estructural, es decir, el fenómeno específico que se produce en el ámbito de las condiciones de la prospección; en nuestra sociedad es originada por desigualdades, injusticias o crisis económica que elevan la temperatura del clima social. Es el caldo de cultivo para que las condiciones estructurales de conductividad social se lleven a cabo, es por así decir, como el clima social que lleva a los individuos a identificarse y empatizar con situaciones que les son comunes.
3 – Una creencia generalizada, una teoría, explicación o hecho social que conduzca a una determinada masa crítica a comprender, o creer haber comprendido, la naturaleza del problema. En esta cuestión debemos de separar las creencias que son creadas por grupos políticos y de presión y las que se originan de manera voluntaria por individuos y que luego son los grupos políticos, asociaciones y colectivos las hacen suyas e identifican como sus creencias. Las creencias generalizadas pueden ser falaces o inventadas, ciertas o verdaderas, pero siempre serán incompletas, al hacer comprender una parte o problema como un todo. Yo las denominaría ideas generalizadas o corrientes de opinión con un fuerte componente emocional más que racional. 
4 – Unos factores precipitantes, una chispa que encienda la llama que puede adoptar en ocasiones las más inesperadas formas. Suele coincidir con cambios en la realidad social que se vislumbran como permanentes, es quizás el miedo al cambio lo que lo origina y en muchas ocasiones el más débil acontecimiento lo provoca.   
5 – Una movilización para la acción. Es necesario algún tipo de estructura organizativa que permita, coordine y oriente las movilizaciones. Hablamos de una organización entorno a esas ideas generalizadas que puede o no permanecer en el tiempo o ser apropiada por las asociaciones, organizaciones y colectivos, para sus propios intereses. 
6 – Un fallo en el control social por parte de las autoridades. Provocado por la forma en que estas reaccionan o no ante las protestas. Normalmente es la utilización de la violencia debido a que las normas y valores sociales pueden transgredirse. La provocación a los elementos que componen las formas de control social, como son las leyes establecidas, es lo que van buscando en muchas ocasiones esos comportamientos colectivos que quieren de cualquier forma adscribir sus críticas a la realidad para llevar a cabo un comportamiento colectivo determinado.


A través de estos seis factores sociológicos, Smelser subrayó variables como el anonimato de las multitudes, las crisis económicas, la alienación social o los fuertes liderazgos. Mostró que estas variables simples tienen lugar en combinación con otras variables relevantes para que se vean incrementadas significativamente las posibilidades de que se produzca una determinada conducta social.
Las seis variables en el sistema de Smelser son condiciones necesarias para que se produzca un comportamiento social determinado y cuando se combinan en el mismo tiempo y lugar, son condiciones también suficientes para el surgimiento de un determinado comportamiento colectivo. Así, cuando se combinan simultáneamente se producirá histeria colectiva, pánico, disturbios, reformas o movimientos revolucionarios. Además, sostuvo que los diferentes aspectos de las seis condiciones, y sus combinaciones, podrían predecir cuál de los cinco tipos de comportamiento colectivo mencionado anteriormente se produciría.
Varias han sido las críticas a Smelsen, la primera es la que hay un excesivo papel a las creencias para que se produzca un comportamiento colectivo, con lo que actúa de menoscabo al relieve que debería darse a las condiciones histórico-estructurales y a su especificidad. En segundo lugar, hay una especie de irracionalismo en los comportamientos colectivos, siendo el cambio un producto de una fuente exterior a la colectividad. Y finalmente, se desafía al propio supuesto del extructural-funcionalismo; mientras que Smelsen ve en los comportamientos colectivos una disfunción social que de cualquier modo debe de reabsorber el sistema para seguir subsistiendo. Aunque no sin carencias, la teoría de Smelsen sigue siendo uno de los esfuerzos más ambiciosos y estimulantes para la comprensión de los comportamientos colectivos.  
[Véase, Neil J. Smelser, Teoría del comportamiento colectivo, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1ª reimp., 1995; Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino, Dicionario de Política, México,  Siglo XXI editores, 14ª ed., 2005, págs. 1016-1017].